Inventario

Testimonio

DESPUES DEL DÍA DIEZ, de Carlitos Páez y Miguel Angel Campodónico. Linardi y Risso. Montevideo, 2003. 126 págs.

EL ACCIDENTE aéreo de los Andes dio lugar a catorce libros, cinco documentales y tres películas, una de las cuales —¡Viven!— recorrió el mundo y todavía suele verse en televisión cable. La caída del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya en plena cordillera chilena en 1972, la terrible peripecia de los sobrevivientes durante 70 días, y las circunstancias que rodearon el episodio, fueron, como dice el autor de este libro "una excepción histórica que no se ha olvidado". En el Uruguay todo el mundo conoce la dolorosa historia tantas veces repetida.

Carlos Miguel Páez Rodríguez quedó marcado para siempre por esa experiencia que ha rememorado infinidad de veces en entrevistas y conferencias, y que ahora es el tema de este testimonio escrito por el narrador uruguayo Miguel Angel Campodónico.

El libro se destaca por la sinceridad con la que Páez enfrenta su historia personal antes, durante y después del accidente aéreo. Sus recuerdos van surgiendo sin orden cronológico, al ritmo de la propia memoria, desde el trauma infantil que fue la temprana separación de sus padres, su vida de niño mimado por la madre y la abuela, la propia experiencia de los Andes, y su lucha posterior contra el alcoholismo y las drogas. "Yo no concibo mi vida sin la cordillera", afirma, convencido de que fue la experiencia crucial en la conformación de su personalidad. Allí, el muchacho de 18 años que era en el momento del accidente, descubrió en sí mismo una fuerza y una capacidad de sobrevivir que todavía lo sorprenden. El título del libro refiere a un momento clave de la tragedia: a los diez días de la caída del avión los sobrevivientes escucharon por radio que la búsqueda se había suspendido. Descubrieron que estaban librados a sus propias fuerzas. Fue "después del día diez" que la cohesión del grupo permitió tomar las decisiones que los llevarían a salvarse luego de más de dos meses de soportar el frío, el hambre y la muerte de 29 compañeros. Páez no esquiva el espinoso asunto de la antropofagia, y relata con franqueza y sin eufemismos el momento en que deciden "comer para no morir". Tampoco escatima sus dolores personales, la conflictiva relación con su padre ("casi podía decirse que él se "robó" la historia de los Andes. No es que la haya robado propiamente, lo que quiero dar a entender es que no se metió en ella de cualquier manera sino que lo hizo para darse la oportunidad de ejercer su característico protagonismo"), la superación de esa relación, y también las desavenencias posteriores entre los sobrevivientes, aunque estas últimas están más sugeridas que relatadas en detalle. El libro incluye las cartas que Páez escribió en los Andes para sus padres, su abuela y su hermana Agó, y un apartado final con fotografías.

Diario El País - Suplemento Cultural (27/02/2004)